Noches del Guadarrama

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Seguridad en la Montaña



SEGURIDAD EN LA MONTAÑA

La primera y más importante preocupación de un montañero siempre será el conocimiento o reconocimiento del terreno y/o medio por el que va ha realizar su actividad. De este conocimiento o reconocimiento obtendrá la información necesaria de los peligros a los que se deberá enfrentar. Es por ello que siempre deberá estudiar y planificar su ruta teniendo siempre en cuenta factores reales como por qué tipo de terreno se va a transitar, dificultad del mismo, cómo lo va a encontrar dependiendo de la climatología prevista y si está preparado físicamente, psicológicamente y materialmente para superarlo.

En nuestra actividad, los peligros con los que nos podemos encontrar están siempre divididos en dos categorías: peligros objetivos y peligros subjetivos.

Los peligros objetivos son aquellos que proceden de los procesos y fenómenos de la propia naturaleza. Todo el mundo ha oído hablar de ellos, pero no para todos son evidentes y mucho menos fáciles de reconocer y prever. Dentro de estos peligros encontramos desprendimientos de roca, aludes de nieve, tormentas, cambios bruscos en las condiciones meteorológicas, etc. Un montañero preocupado por su seguridad debería estudiarlos y conocerlos en profundidad. Son peligros que nosotros no podemos evitar que ocurran, pero todo montañero debería aprender a reconocer los lugares y momentos potencialmente peligrosos para tratar de no estar allí cuando se desencadenen.

Los peligros subjetivos son de naturaleza totalmente diferente puesto que sí los podemos controlar ya que dependen, para que se produzcan, de nosotros mismos. Un peligro subjetivo puede hacer exponernos a otro u otros peligros objetivos. Entramos en contacto con un peligro subjetivo cuando no realizamos una buena planificación de la ruta o salimos sin planificación alguna lo que nos llevará a no conocer qué equipo y material nos puede hacer falta, qué condiciones vamos a encontrar y/o si estamos preparados física y psicológicamente. Este desconocimiento puede llevarnos a sufrir, sin saberlo, uno o varios peligros objetivos.

Las virtudes de un buen montañero deben ser siempre la sensatez y humildad, teniendo siempre autocontrol sobre la actividad que estemos desarrollando y conociendo y reconociendo nuestras propias limitaciones y las de nuestros compañeros, tanto físicas como técnicas y psicológicas. Nunca debemos menospreciar una montaña, ésta es siempre superior a nosotros, por inocente que parezca su aspecto y/o altitud.

1- PELIGROS OBJETIVOS

Estudiemos a continuación los peligros objetivos que podemos encontrarnos en las montañas del Sistema Central.

1.1 Tormentas en Montaña con aparato eléctrico.

Debemos saber que en los sistemas montañosos que conforman el Sistema Central la época en la que se producen más tormentas con aparato eléctrico está comprendida entre los meses de junio a septiembre y dentro de ésta las horas con mayor probabilidad son las de por la tarde. Teniendo en cuenta también que pueden darse durante otras horas del día y durante otros periodos del año, pero con mucha menor probabilidad.

El principal peligro de una tormenta con aparato eléctrico es el rayo. Un rayo es electricidad. Cuando cae sobre una cumbre, cresta, árbol, suelo, etc su efecto más inmediato y demoledor se produce allí, pero también se propaga de inmediato en todas direcciones, a través de las corrientes de tierra, pudiendo afectar aunque se encuentren relativamente alejadas. Estas corrientes de tierra están formadas por los elementos de menor resistencia eléctrica, como corrientes de agua, rocas humedas y grietas existentes en la propia roca. Por todo esto, el rayo conforma dos peligros: el impacto directo y las corrientes de tierra por donde se propaga.

Como primera medida para protegerse del impacto directo el montañero que prevea o se encuentre ya inmerso en una tormenta de estas características tendrá que abandonar de inmediato las zonas altas de la montaña como sus cumbres, crestas y aristas. Y debe también conocer que las grandes paredes de roca le protegerán siempre que mantenga una distancia mínima a ellas de al menos dos metros. Los techos y las paredes extraplomadas no ofrecen toda la seguridad que parecen dar.

Las corrientes de tierra son más dificiles de evitar. Hay que tener en cuenta:

- No situarnos en zonas humedas y mojadas, ni sobre cauces de agua por pequeños que éstos sean.

- No situarnos en zonas de grietas, sobre todo en paredes y bloques de roca.

- Nos deberemos sentar, o en su defecto agachar, sobre objetos aislantes (sobre la cuerda, sobre la mochila si ésta no tiene armazón metálico, sobre la esterilla, etc siempre que estén secos) siempre manteniendo los pies juntos y las manos alejadas del suelo, por ejemplo sobre las rodillas. Nos deberemos recoger lo máximo posible para tratar siempre de ocupar un menor espacio.

- No meterse en pequeños agujeros o pequeñas cuevas que encontremos en la roca, puesto que no podremos cumplir la distancia mínima de seguridad con la roca y la propagación de la electricidad del rayo podría pasar directamente a nuestro cuerpo. Las cuevas y agujeros más grandes sí nos darán buena protección siempre que mantengamos las siguientes distanticas mínimas con la roca: dos metros con el fondo y un metro con los lados, el techo y la entrada. En estas cuevas y agujeros más grandes también será preferente sentarnos sobre algún objeto aislante y mantenerse lo más recogidos posible y sin colocar las manos en el suelo.

- No meterse bajo pequeños techos y extraplomos de roca puesto que no nos permitirán mantener las distancias mínimas de seguridad con la pared.

- Separar de nosotros los materiales metálicos que llevemos como equipo, tales como bastones de aluminio, crampones, piolet, material de aseguramiento, etc. No es necesario tirarlos sólo separarlos de nosotros puesto que no atraen los rayos por sí mismo, en contra de la creencia popular, sino que sólo son muy buenos conductores de la electricidad.

- Si nos refugiamos en una pequeña cabaña, caseta o refugio recordar no acercarse a la puerta ni a las ventanas que pudiera tener, manteniendo éstas siempre cerradas si es posible. Mantenerse siempre en el centro y no acercarse a la chimenea en caso de que existiera.

Si oimos a nuestro alrededor un zumbido parecido al de algunos insectos y se nos comienza a erizar el cabello y el bello del cuerpo deberemos saber que la descarga es inminente. Nos desharemos inmediatamente de todo el material metálico que llevemos en ese momento como el bastón o el piolet, elementos éstos que pueden presentar en este caso el fenómeno conocido como el Fuego de San Telmo.

Otro dato importante es conocer aproximadamente a qué distancia está de nosotros una tormenta y si esta se aleja o no de nuestra posición. Para ello hay que recordar que por cada tres segundos que pasan desde que vemos el relampago hasta que oímos el trueno la distancia es de un kilómetro aproximadamente.

1.2 Lluvia en Montaña.

Lluvia en Montaña. A nadie le gusta estar a la interperie en condiciones de fuertes lluvias por lo que con una buena información meteorológica, consultada antes de iniciar la actividad, nos podremos salvar de este fenómeno atmosférico. Aún consultando dicha información, y en determinadas épocas del año, será prácticamente imposible, si hacemos mucha montaña, salvarse de un fuerte aguacero. Es por ello por lo que el montañero responsable y preocupado por su seguridad llevará siempre en su equipo ropa para combatirle, un material impermeable y de abrigo. La lluvia y la humedad que produce siempre en el ambiente hace bajar algo la temperatura. Si a esto le unimos la falta del equipo adecuado y la altitud seguro que el montañero que se encuentre en estas condiciones pasará un mal rato. Dependiendo de lo baja que llegue a ser la temperatura, de la altitud a la que se esté y de lo mojado que uno llegue a estar podrá hasta padecer hipotermia. Si esto llegase a suceder lo mejor es no pararse nunca y tratar de llegar a nuesto destino (refugio, coche, etc) sin perder nunca la atención y concentración adecuada en lo que estemos haciendo (aún estando tiritando de frío) para evitar así que un posible accidente complique aún más las cosas.

Hay que tener en cuenta que en condiciones de moderadas y fuertes lluvias éstas pueden también desencadenar otros peligros frecuentes en montaña como el desprendimiento, caida y desplazamiento de piedras por lo que en estas condiciones es necesario huir inmediatamente de zonas expuestas como corredores, canales, circos rocosos, base de paredes rocosas y en general de cualquier zona donde el agua se canalice y arrastre material a su paso.

1.3 Niebla en Montaña.

Niebla en Montaña. La niebla es un fenómeno muy común en la montaña, sobre todo en días despejados de nubes posteriores a otros en los que se han producido lluvias y/o nevadas. Al igual que la lluvia, la niebla también produce una bajada de la temperatura por lo que debemos ir preparados, con ropa de abrigo, para soportarlo. Esto, lógicamente, es un peligro para aquellas personas que no lleven el equipo adecuado, pero el mayor peligro que implica la niebla es la pérdida de nuestro campo de visión pudiendo provocar la desorientación y otros peligros derivados de la misma. En invierno, la conjunción del terreno nevado y la niebla desarrolla una de las situaciones más complejas en montaña al no tener referencias de ningún tipo, ni en el suelo ni en el horizonte.

Si las predicciones meteorológicas dan nieblas generalizadas (o comprobamos este hecho in situ) y no se conoce bien el terreno de la ruta por donde queremos que transcurra nuestra actividad lo mejor será abandonar. Meterse con niebla por una zona desconocida es una gran temeridad.

Por lo general, ante un extravío y si no podemos esperar por cualquier circunstancia a que aclare lo mejor será seguir el curso de un arroyo hacia el valle que nos permita perder altura y por lo tanto salir del banco de niebla o incluso llegar a una población.

Para evitar extravíos producidos por la niebla los montañeros preocupados por su seguridad aprenden a utilizar e interpretar conjuntamente la brújula, el mapa y el altímetro.. Acostumbrarse al uso de al menos el mapa y la brújula puede sacarnos de más de una situación peligrosa.

1.4 Aludes en Montaña 

En el Sistema Central no se producen grandes aludes como en otros macizos montañosos pero sí se producen en menor escala y éstos tienen la suficiente fuerza y tamaño como para arrastrar y sepultar a una o varias personas. 

En invierno y en alta montaña los aludes son un peligro constante y dificil de predecir. La prevención será la máxima preocupación, como siempre, del montañero preocupado por su seguridad por lo que el conocimiento de las zonas y condiciones más expuestas será primordial. 

Todo montañero debería aprender lo máximo posible sobre la morfología y transformación de la nieve, para intentar comprender cuando las condiciones existentes implican peligro de aludes, así como las técnicas de rescate de víctimas. 

Entre los factores más significativos y frecuentes que producen la formación de aludes encontramos:

1.4.1 La cantidad de nieve acumulada sobre el terreno. Resultan potencialmente peligrosos los días inmediatamente posteriores a aquellos en los que se han producido grandes y rápidas nevadas ya que la nieve no habrá tenido tiempo para estabilizarse y asentarse correctamente sobre el terreno. No presentarán peligro, aunque no está exento de riesgo, aquellas nevadas que se han producido de forma no intensa y repartidas durante varios días, ya que las distintas capas habrán tenido tiempo de asentarse sobre el terreno y estabilizarse entre si.

1.4.2 La inclinación de la pendiente. La mayor probabilidad de aludes se da en aquellas pendientes que por su inclinación permiten la acumulación de nieve y posterior rápido deslizamiento. Esto se da en aquellas pendientes situadas entre 25 y 60 grados de inclinación. Por encima de los 60 grados la nieve no se acumula lo suficiente como para desencadenar un fuerte alud puesto que al tener tanta inclinación se van produciendo pequeñas avalanchas periódicas durante la propia nevada. Y en pendientes inferiores a 25 grados se hace dificil el deslizamiento de grandes cantidades de nieve.

1.4.3 La orientación de la pendiente. Una pendiente situada en una ladera soleada implica que la nieve se asiente y estabilice con mayor rápidez, por lo que en invierno la probabilidad de que se produzca un alud disminuye, mientras que en las laderas situadas en umbría hay más probabilidad al no asentarse y estabilizarse tan rápido. En primavera, con exceso de calor y radiación, se invierte la probabilidad haciendo mucho más peligrosas las laderas soleadas que las no soleadas puesto que en estas últimas la nieve permanecerá asentada y helada.

1.4.4 El viento. Normalmente en las montañas hay una dirección predominante en la que siempre sopla el viento. Este viento empuja y acumula la nieve hacia sotavento creando en las crestas las famosas cornisas compuestas de placas de nieve. Cuando el peso de la nieve acumulada hace romper la cornisa se desencadena un alud puesto que la nieve de la cornisa arrastra también a la acumulada en la ladera. Por ello, estaremos expuestos cuando transitemos por laderas sobre las que existan crestas con formación de cornisas.

1.4.5 El relieve del terreno. Las zonas con vegetación compuesta de árboles y arbustos y aquellas compuestas por grandes bloques de piedra son poco expuestas al permitir aquellos una mayor sujección de la nieve. Sin embargo aquellas zonas compuestas de grandes canchales de roca lisa o de pastos y hierba son las que mayor peligro tienen al permitir un buen y rápido desplazamiento de la nieve.

1.4.6 La lluvia. Este fenómeno atmosférico también puede ser desencadenante de aludes al ablandar las capas superiores del manto nivoso que ya estaban estabilizadas y asentadas.

1.4.7 Animales y personas. Un animal (o grupo), como una cabra montes por ejemplo, que circule por encima de nosotros en la misma ladera puede también desencadenar un alud. Aunque hay que saber que la mayoría de aludes los provocamos las propias personas al no transitar con el debido cuidado por las zonas expuestas que contienen nieve aún no asentada correctamente.

1.5 Viento en Montaña

El viento es uno de los grandes enemigos de un montañero. El viento suave que incluso se agradece en días calurosos, por refrescar algo el ambiente, puede convertirse en un auténtico problema cuando aparece en días fríos. En estos días fríos la conjunción con el viento hace que la temperatura que marque el termómetro no tenga nada que ver con lo que nosotros sentimos, que será siempre mayor frío que el que deberíamos tener a la temperatura marcada, es lo que se conoce como Sensación Térmica). Podemos tener una temperatura de 5º C y tener una sensación térmica de –5º C al aparecer un fuerte y frío viento. El peligro principal que surge en estas condiciones de baja sensación térmica es siempre la aparición de síntomas de hipotermia donde el organismo va perdiendo temperatura poco a poco, pudiendo aparecer incluso congelaciones localizadas generalmente en las extremidades como los dedos de las manos y los pies. Aunque pueda parecer extraño la mayoría de las hipotermias se dan en personas mal equipadas que con una temperatura real de por ejemplo 10º C se han encontrado, por la acción del viento, con una sensación térmica de muchos menos grados para la cual no estaban equipados. 

Por todo ello es fundamental que todo montañero en alta montaña y mucho más en días fríos y con viento lleve el equipo necesario para combatir las diferentes sensaciones térmicas con las que se encontrará. Equipo que incluirá también ropa seca de reserva, impermeable y cortavientos. No se deberá nunca olvidar la adecuada protección para la cabeza, puesto que ésta es una parte del cuerpo por la que se pierde mucho calor, y unos guantes para las manos. El cuello es otra de las partes del cuerpo que son importantes proteger del frío, por ello debemos prever siempre ropa que lo cubra.

Otro peligro que puede llegar a general el viento, si éste es fuerte y/o racheado, es hacernos perder el equilibrio cuando estamos en zonas expuestas pudiendo precipitarnos al vacío. Con viento fuerte hay que tener mucho cuidado cuando se llega, tras la ascensión, a una arista o cresta puesto que al estar más expuestos a su acción nos podría incluso levantar y/o desplazar de nuestra posición causándonos alguna lesión al golpearnos con alguna piedra o el propio suelo.

El viento también puede desencadenar la caida de piedras tanto en lugares muy expuestos como paredes y circos rocosos como en los propios senderos que atraviesan laderas formadas por pedreras o taludes inestables, muy típicas en montaña.

1.6 Sol y Calor en Montaña

Aunque pueda parecer una contrariedad y una evidencia al mismo tiempo los días de sol y calor pueden resultar muy peligrosos para una persona en alta montaña. Transitar por zonas de altura en las horas centrales de un día caluroso puede llevar, a las personas mal equipadas, a sufrir los peligros derivados de una insolación, de una deshidratación y/o de las quemaduras. Estos tres peligros por sí solos y/o en combinación pueden provocar que una persona sufra un grave accidente.

Debemos siempre llevar el equipo necesario para protegernos por completo del sol y sus efectos. En nuestro equipo incluiremos cremas protectoras (también para los labios) que deberemos utilizar con frecuencia durante un día soleado y caluroso, una gorra o gorro que nos protega de la acción directa del sol sobre nuestra cabeza y unas gafas de sol con el sufiente índice uv para permitirnos realizar nuestra actividad sin dañar los ojos.

Una buena reserva de agua y una correcta hidratación es primordial. Una persona que llegue a la deshidratación no tendrá fuerzas para continuar y sufrirá incluso hasta mareos que podrían hacerle perder el equilibrio en las zonas expuestas donde un fallo puede suponer un grave accidente.

La principal recomendación en días muy calurosos es no realizar nuestra actividad en las horas centrales de día, madrugando todo lo posible para que cuando lleguen las horas de máximo calor nosotros hallamos terminado nuestra actividad o hallamos cumplido nuestro trayecto asignado para ese día.

1.7 - Desprendimiento de Rocas en Montaña

Las montañas, aunque no sea visible a simple vista, están en continuo proceso de transformación debido a los agentes erosivos que actúan sobre ella, tales como el viento, la lluvia, la nieve y el hielo. Todos estos agentes generan con su acción el desprendimiento de rocas, no solo de las paredes y cumbres rocosas si no también de las pedreras y taludes inestables. El montañero no puede controlar que ocurran pero si puede y tiene que prever cuando está circulando por una zona expuesta. El uso de un casco de escalada es muy recomendable para evitar los daños causados por las piedras de pequeño tamaño. Siempre que realicemos alguna ascensión expuesta a estos desprendimientos se debería llevar casco puesto.

La mejor prevención es un estudio pormenorizado del terreno por el que vamos a transitar evitando en lo posible las zonas más expuestas. Más tarde o más pronto, y en sierras como Gredos con mayor frecuencia, tendremos que atravesar zonas expuestas teniendo en cuenta entonces el permanecer lo mínimo posible en ellas.

Cuando circulemos por zonas con grandes pedreras inestables tendremos que progresar siempre con el debido cuidado tanto para evitar provocar nosotros mismos un desprendimiento o avalancha que pueda afectar a otras personas que circulen por detrás como para estar atentos a desprendimientos que los que vallan más adelantados puedan desencadenar. También hay que tener muy en cuenta que los animales que pudiesen transitar por la zona por la que nosotros progresamos son potenciales desencadenadores de desprendimientos.

En invierno la nieve y el hielo sujetarán las piedras inestables pero cuando se produzca el deshielo o la nieve y el hielo se ablanden por la acción de sol aquellas caerán irremediablemente. Así pues poner especial cuidado en las horas de mayor radiación solar cuando estemos circulando por zonas expuestas como corredores, canales, circos y paredes rocosas, pedreras y taludes.

2 – PELIGROS SUBJETIVOS

Peligros subjetivos en Montaña son los causados por nuestros propios fallos y son los que nos exponen a los peligros objetivos. Hay que tener en cuenta que si el peligro es independiente de nosotros el riesgo no, es decir asumimos más riesgos a medida que nuestra exposición a los peligros es mucho mayor.

Los consejos a seguir para minimizar los riesgos (o peligros subjetivos) serian los siguientes:

- Estudiar rigurosamente, antes de salir, la ruta y/o ascensión que vamos a realizar y comprobar si estamos preparados física y psicológicamente para llevarla a cabo. En montaña hay que ser realistas y reconocer siempre a tiempo cuando algo se nos viene grande para nuestro nivel. La evolución de nuestra técnica, entrenamiento y nivel físico nos permitirá realizar cada vez mayores cosas. Un buen montañero siempre sabrá cuando ha llegado el momento de renunciar y dar la vuelta sin que esto le produzca ningún transtorno..

- Consultar siempre antes de salir las condiciones meteorológicas previstas y según ellas preparar nuestro equipo, teniendo siempre en cuenta llevar ropa de abrigo e impermeable aunque las condiciones puedan presentarse buenas.

- Dejar siempre un margen de seguridad en el horario que estipulemos necesario que durará nuestra actividad. Nunca sabremos los imprevistos con los que nos podremos encontrar. Sobretodo en las salidas invernales, donde los intervalos de luz son escasos hay que fijar una hora límite de retorno, es decir, aquella hora en que, como muy tarde debemos emprender el retorno, hallamos conseguido o no el objetivo propuesto

- No llevar en la mochila más peso del necesario como para incluir el equipo adecuado que nos proporcione la correcta seguridad.

- Beber frecuentemente y realizar además algún descanso que nos permita ingerir algo de comida.

- No intentar pasos difíciles de trepada si no estamos completamente seguros de poder superarlos con éxito.

- Aprender y prácticar las distintas técnicas necesarias, siempre en lugares sin peligro, no esperar a ponerlas en práctica por primera vez en plena situación real.

- Dejar siempre indicado a familiares, amigos, o en el refugio la ruta, ascensión o itinerario que vamos a realizar así como el horario que pensamos vamos a emplear.

- No abandonar, dejar atrás ni perder de vista nunca a un compañero. 

- Mantener siempre la debida calma en situaciones comprometidas.

- Revisa el equipo al menos un par de veces antes de iniciar la actividad.

- Aprende el máximo posible sobre todo lo relacionado con la actividad montañera (técnica, primeros auxilios, orientación, peligros de la montaña, etc.).

- No perder nunca el respeto a la montaña, por muy bien conocida que la tengamos o por su altitud o amable morfología. 






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