Inicio este blog con este artículo aparecido en un blog de Ternua. Me parece un buen principio pues marca un propósito que se debería tener en cuenta en las salidas a la montaña: no se trata de una competición, ni de conseguir unas marcas ni incluso unos objetivos, se trata de una forma de mirar, de vivir, de estar abiertos a una realidad que se nos va ofreciendo, de disfrutar. Es indudable que habrá que esforzarse, pero ante todo, la montaña es otra cosa, o debe serlo, que un campo de entrenamiento.
"La sociedad actual nos ha hecho ser cada vez más competitivos, a todos los niveles. Seguro que te ha ocurrido alguna vez caminar por una montaña en grupo, y que alguien se ponga en cabeza y comience a apretar el paso. Nadie se quiere quedar rezagado, porque se interpreta como signo de debilidad. Comienzas entonces a caminar a un ritmo que nos el tuyo, que no es para nada con el que te sientes cómodo. Las pulsaciones se aceleran y la respiración se agita, dificultando el poder llevar una conversación tranquila. Estás sudando y quisieras quitarte una prenda, pero no lo haces por temor a quedarte descolgado. Y como no llevas una bolsa de agua tipo Camel tampoco puedes parar y sacar la cantimplora de tu mochila.
Por eso no es de extrañar que haya personas que prefieran ir solas a la montaña, ya que pueden llevar un ritmo más relajado y detenerse siempre que quieran para sacar una foto mientras se recrean en el paisaje que les envuelve. Y es que atravesar el Valle de Ordesa, por poner un ejemplo conocido, hasta la famosa cascada la Cola de Caballo a ritmo acelerado es como visitar el museo del Louvre y cruzar por sus galerías sin detenerse a contemplar ninguno de sus maravillosos cuadros. Los espacios naturales invitan a la contemplación más pura. Invitan a pararnos y a dejarnos seducir por los sonidos de los ríos, la grandiosidad de las montañas o las texturas de los bosques. ¿Has probado a abrazar a un árbol durante un rato? Sirve para aliviar la ansiedad y alejar los pensamientos negativos. Pruébalo, ya verás que bien te sientes después.
No perdamos nunca la curiosidad y la capacidad de observación que teníamos como cuando éramos niños. Recuperemos esa fascinación por las cosas pequeñas y aparentemente simples de la montaña, como por ejemplo contemplar desde la cima cómo las nubes van cambiando de forma o el vuelo de esa ave valle abajo.
Caminar por la montaña, por pequeña que ésta sea, en una actitud distendida y sin estar pendiente del reloj, ayuda a potenciar las capacidades alojadas en el hemisferio derecho de nuestro cerebro; creatividad, emociones, intuición, habilidades artísticas, orientación espacial, etc. Capacidades que con la edad tendemos a relegar en beneficio de las capacidades de nuestro hemisferio izquierdo (racionalidad, análisis, lógica, matemática, etc.).
Por tanto realizar un senderismo tranquilo y relajado en un entorno natural contribuye a equilibrar las habilidades localizadas en ambos hemisferios cerebrales, lo que redundará en una actitud vital más positiva. En definitiva, la montaña relajada o Slow Mountain actúa como un fantástico bálsamo para la mente, constituyendo además un eficaz tratamiento preventivo de la depresión. Por tanto si eres de los que caminan rápido por la montaña, sin apenas detenerse, en tu próxima salida acuérdate de estos consejos. Seguramente ese día no ejercitarás tanto los músculos, pero tu cabeza saldrá ganando."
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